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arte contemporáneo - biografías inéditas - ensayos


Olafur Eliasson

El hombre observa la naturaleza (término complicado de definir) desde su ubicación como protagonista, generador de cambios sociales y dueño de una maquinaria científica que afecta la capacidad percibir el mundo. El danés Olafur Eliasson (1967) atraviesa esa compleja estructura con instalaciones y fotografías que dejan en evidencia los cambios de comportamiento y conceptuales que se fueron construyendo en relación con la naturaleza y su historia.

Con sus últimas obras, Eliasson ha señalado la problemática que subyace en la idea de un entorno natural sostenido por el hombre. El soporte conceptual es una indagación entre naturaleza y tecnología, y entre la esfera de lo orgánico y lo industrial. Sus materiales son rayos de luz solar, corrientes de aire, agua, vegetales, vapores y escenografías que se desprenden de experimentaciones subatómicas y astrofísicas. Casi como una antinomia con los artistas del paisaje genera condiciones naturales en contextos artificiales. Es decir: consigue ubicar dentro de una sala de arte un fenómeno tan amplio como, por ejemplo, el clima.

Para la instalación Your Sun Machine (1997), presentada en la Kunthaus Bregenz, Austria, el artista abre un agujero circular en el techo del predio de exposiciones. El sol se ubica como único eje de atención, mientras va marcando un recorrido elíptico por el suelo y las paredes. En paralelo con Your… expone una serie de imágenes donde presenta encuadres y composiciones poco frecuentes de la composición geofísica de las regiones nórdicas de Europa. Una sala vacía y oscura, un agujero en las alturas que abre camino al centro energético del sistema solar.

El público tiene distintas reacciones: hay quienes ni siquiera se detienen a analizar la propuesta y otros que se sientan alrededor del haz de luz a charlar o, directamente, se acuestan a disfrutar del sol en plena cara. Eliasson explora de este modo las ideas de percepción, experiencia y representación.

Para el The Mediated Motion en la Kunsthaus Bregenz (Austria, 2001), Eliasson creó una secuencia de espacios llenos de materiales naturales como agua, niebla, tierra, madera, hongos y lenteja de agua. La exposición se convirtió para los espectadores en una aventura sensorial (olores, texturas, visuales). Modificó, además, la arquitectura ortogonal del edificio, incorporó un piso sutilmente oblicuo para que los visitantes, mientras perciben su obra, sea conscientes de los principios de la Ley de circulación del espacio.

Una de sus instalaciones más impresionantes es The weather proyect (2003), donde consigue materializar gran parte de su corpus conceptual. En una sala de dimensiones muy amplias, Eliasson disemina una niebla muy fina en el aire, en el intento de emular un espacio brumoso al aire libre. En el otro extremo, cuelga una esfera luminosa gigante integrada por cientos de lámparas mono-frecuencia (muy similares a las que se utilizan para la iluminación pública). El efecto es impresionante, las frecuencias generadas son tan estrechas que el campo visual se convierte en un amanecer y todo el espacio se convierte en un paisaje duotono. El público puede ver las estructuras y sistemas eléctricos. “Quiero que ellos mismos entiendan la experiencia de la construcción, y así ser capaces de evaluar y cuestionarse temas a través de esta experiencia directa”, explica el artista. El cielo está representado con un espejo gigante, que refleja lo que está pasando en la superficie.

En 2008 erige en pleno centro de Nueva York su proyecto The New York City waterfalls, cuatro estructuras gigantes de hierro, de casi 40 metros de altura, que simulan a las cataratas del Niágara. La obra está compuesta por un sistema hidráulico que bombea (con energía eléctrica generada por fuentes renovables) el agua del río principal de Manhattan hasta la cima de las cuatro estructuras para dejar caer unos 160.000 litros de agua por minuto. La obra se puede contemplar en cuatro puntos emblemáticos de las costas de Nueva York: el puerto de Brooklyn, cerca del famoso puente, así como entre sus embarcaderos 4 y 5, el muelle 35 del Bajo Manhattan y la pequeña isla del Gobernador.

Eliasson se formó en la Königlich Dänische Kunstakademie -Real Academia de las Artes- de Copenhague, entre 1989 y 1995. La mayor parte de su obra fue realizada en Berlín, aunque actualmente también suele pasar parte de su tiempo creativo en Finlandia.

The Weather proyect

Alfonsina Storni: el cuerpo

Dice el relato popular que la poetisa Alfonsina Storni se internó caminando en el mar hasta que las olas le cortaron la respiración. Falso.

La noche del martes 25 de octubre de 1938 Alfonsina concretó un plan que estaba fraguando hace largos meses. La trama comenzó en 1935. Mediante una intervención quirúrgica, para combatir un cáncer, le amputaron un seno. A pesar de que la cirugía sirvió para atenuar la enfermedad, Alfonsina nunca se recuperó de aquella agresión, sentía que su cuerpo había sido mutilado, lo cual la hundió en una tremenda depresión que la acompañó los últimos años de su vida. También sufría agudos dolores, sólo las dosis de morfina que se aplicaba diariamente eran capaz de calmarlos. La ciudad elegida para el fin de sus días fue Mar del Plata; antes lo había intentado en el Tigre, pero no pudo; justo una amiga que se acerca, en fin...

No se veía una sola estrella. Sentada en el escritorio de su habitación escribió una nota en tinta roja, Me arrojo al mar, anunció. Dos días antes había garabateado el famoso poema Voy a dormir, dedicado a su hijo, para las páginas de La Nación. Un dato curioso: el lunes 24 por la mañana había querido comprar un revolver. No se lo vendieron; de acuerdo con una reglamentación de la época las mujeres no podían portar armas de fuego.

A la una de la mañana del martes salió a la calle. Nadie la escuchó ni la vio partir. Estaba hospedada en el Hotel San Jacinto, ubicado entonces en 3 de Febrero 2861. A paso lento avanzó por las calles polvorientas hasta llegar a la escollera del Club Argentino de Mujeres, que en aquel momento se elevaba sobre el mar en una extensión de 200 metros, exactamente donde hoy se encuentran las playas que llevan su nombre. Uno de sus zapatos quedó atrapado entre los fierros antes de saltar al agua. Fueron casi seis cuadras. Durante el trayecto pudo haberse arrepentido, pero no, la decisión ya estaba tomada. Sus pies avanzaban impávidos. Atravesó el espigón y se lanzó al mar donde llenó, intencionalmente, sus pulmones de agua. Murió asfixiada.

El cuerpo sin vida fue encontrado por dos obreros -Atilio Pierini y Oscar Parisi- postrado en la orilla, helado y salpicado con arena. Llevaba horas humedecido por el gélido mar de octubre. La Nación tituló al día siguiente “Ha muerto trágicamente Alfonsina Storni, gran poetisa de América”. De ahí en adelante, la versión errónea comenzó a avanzar de boca en boca.

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Alfonsina Storni - Poesías
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Yayoi Kusama

A los ocho años pensó en suicidarse, los maltratos de su madre y las alucinaciones aniquilaron su infancia. El arte, dice Yayoi Kusama (1928), fue su muro de contención. Primero, las técnicas clásicas: óleo, pastel y acuarela. A mediados de la década de 1950, con la irrupción de los nuevos movimientos, experimentó con happenings, performances e instalaciones. Abandonó Japón, su país natal, y se mudó a Nueva York donde rápidamente construyó fama.

Los puntos, como un ataque virósico, conforman la señal característica de su obra, aparecen obsesivamente sobre cualquier superficie, ha intervenido paredes, esculturas e incluso cuerpos humanos y de animales. Estas pequeñas circunferencias muchas veces se entrelazan entre sí o se reflejan en espejos (también con forma de circunferencia) en la búsqueda de conexión con el infinito. Todo comenzó una tarde observando en su casa un mantel estampado con flores rojas. “El mismo patrón cubría toda la habitación, mi cuerpo y el universo. Sentí que me anulaba, me mezclaba con el infinito del tiempo y el absoluto del espacio, quedaba reducida a la nada. Cuando me di cuenta que no se trataba solamente de mi imaginación quedé aterrada. Supe que debía correr para que el aluvión de flores rojas no me matara. Subí las escaleras, los peldaños comenzaron a desplomarse, me caí y me torcí el tobillo”, cuenta la artista.

La década de 1960 fue su momento de explosión artística, envuelta en las banderas contra la guerra organizó festivales callejeros de body-painting (las fotografías de hombres y mujeres desnudos con lunares rojos y blancos corriendo por las avenidas de NY se ubicaron en la tapa de los principales diarios) y desfiles de moda, produjo películas y proyectos editoriales. El film más famoso fue Self Obliteration (1967) [Parte I - Parte II - Parte III], de claro corte experimental, muy identificado con la estética y el concepto neodadá de la época. Una de sus obras más conocidas es Anti war naked happening and flag burning bridge (1968); el título lo dice todo: un grupo de personas desnudas, pintadas con puntos rojos quemando una bandera norteamericana.

Ella se define como una artista psicosomática, Obsessional art es el término que utiliza. Su trabajo tiene vértices de encuentro con el pop, el minimalismo, el expresionismo abstracto y la filosofía feminista. Desde lo conceptual, abundan las marcas autobiográficas, psicológicas y sexuales, específicamente relacionadas con la identidad y la represión. Hay también en sus piezas un hilo conector entre elementos de la realidad y la ficción. Sus creaciones –ensayan los especialistas- puede entenderse como una terapia frente al desorden mental.

Con el tiempo, Yayoi Kusama fue ampliando su campo de acción hacia la pintura experimental, las instalaciones con luz y las esculturas blandas. También desarrolló su propia marca de ropa. En 1973 regresó a Tokio y se internó en un hospital psiquiátrico, donde actualmente vive. Su taller se encuentra a pocos metros, y su trabajo es constante y mundialmente reconocido, no sólo en su producción como artista plástica, además ha conseguido premios por sus novelas y poemas.

En 1994 grabó junto a Peter Gabriel (quien se ha declarado fan de la obra de Kusama) el videoclip Lovetown, canción incluida en el disco recopilatorio Hit (2003). Durante todo el corto musical se ven las intervenciones con puntos y las ideas de influencia dadá. También trabajó junto con el destacado diseñador japonés Issey Miyake en una colección de indumentaria que enlaza diseño textil y tecnología.

En 2009, la empresa Au KDDI lanzó al mercado tres modelos de teléfonos celulares diseñados por ella. Recientemente inauguró la muestra I want to live forever, donde reúne un trabajo cromático, espacial y de texturas sorprendente. Una de las exposiciones más impactantes que durante el 2010 recorrerán Europa.

Yayoi Kusama - entrevista y resumen de obra

Chico MacMurtrie

La tecnología, entendida en su acepción más amplia, y su relación con la evolución biológica es el núcleo conceptual de las obras que concibe el artista estadounidense Chico MacMurtrie (1961), director artístico del colectivo neoyorquino Amorphic Robot Works. Desde 1994 trabaja en esculturas robóticas antropomórficas para exponer, a través del movimiento, conflictos e interpretaciones sobre la condición humana.

MacMurtrie junto a un equipo de técnicos desarrolla una investigación artística que toma elementos de la mecánica, neumática, hidráulica, programación y resistencia de materiales. Hasta fines de 2009 concibió cerca de 400 esculturas, que fueron expuestas en 16 países. En su última línea de acción la idea es dejar de lado el metal como materialidad de la robótica para experimentar con soportes más livianos y dinámicos, preferentemente inflables, y construir estructuras móviles similares a organismos vivos.

Entre sus obras recientes se destaca The horny children (2007), una instalación integrada por robots que tienen el tamaño de un niño. A veces torpes, a veces elegantes, van experimentando el mundo a su alrededor. Estas esculturas, cinéticas en su totalidad, responden a las ordenes de microchips y sensores incorporados que decodifican señales del entorno. Caminan entre los espectadores, los miran, se expresan cinéticamente. MacMurtrie presenta con esta obra interactiva una sociedad paralela regida por la dinámica de grupos: cada niño se integra a un contexto que lo afecta y lo define. Al mismo tiempo, abre la reflexión sobre el intercambio entre el ser humano, la tecnología y los cambios propios de la naturaleza.

Una de sus creaciones más imponentes es Growing, raining tree (2007), un árbol robot que responde a los mismos estímulos biológicos y se comporta exactamente igual a uno verdadero. Hay que regarlo para que crezca, se mueve con la luz del sol y presenta una textura en su corteza sorprendentemente real. La obra está ubicada adentro de una pequeña pileta con agua, en el sexto piso del CAC's UnMuseum. Los espectadores pueden interactuar con el árbol, que responde a los movimientos de la gente y el agua donde está emplazado.

La escultura abstracta The inflatable archiqueture (2008) está construida con un material inflable que simula tener vida. Se trata de una pieza interactiva, integrada por huesos móviles que se activan al percibir el movimiento de los espectadores; de acuerdo al punto de vista cambia la morfología de la escultura, a modo de metáfora del comportamiento celular. El artista explica que la intención es entablar un nuevo diálogo entre el hombre, la máquina y la arquitectura en base a formas inspiradas en el mundo microscópico y los niveles fractales. “The inflatable… son músculos diseñados para transformarse hacia esculturas orgánicas que influencien la interpretación del espacio”, explica.

La obra Totemobile (2007) utiliza la robótica para transformar un Citroën DS 1965 de lujo en un tótem-robot de quince metros de altura. El concepto es proponer una continuación evolutiva del dispositivo automotor hacia un organismo biológico. Cuando está apagado es exactamente igual al modelo original. Encendido, mediante modernos sistemas neumáticos, se transforma y adquiere un cuerpo humanoide. Totemobile es el híbrido de un símbolo de la cultura popular y la noción de aspiración orgánica. Tiene luces y está compuesto por más de cien sensores láser de movimiento que se alimentan por medio de un sistema eléctrico lineal, controlado por circuito de magnitudes industriales.

Actualmente, está trabajando en el proyecto Organograph, un reloj climático, una escultura helicoidal participativa, que avanza a lo largo de una espiral a razón de dos metros por año, y a su paso va dejando un jardín sembrado. La obra busca alumbrar el análisis sobre la emisión de carbono en la atmósfera, el cambio climático y las discusiones de tenor político relacionadas con estas problemáticas.

Chico MacMurtrie - resumen de obra