elefante pixelado

arte contemporáneo - biografías inéditas - ensayos

El ojo blindado

Alguien te mira, no enloquezcas, tranquilo, no hace nada, te está sacando una foto, mirá, ahí estás, leyendo un blog, leyendo que hay alguien que te mira porque te está sacando una foto. La pregunta es quién te está mirando, la respuesta es un robotito con nueve cámaras que deambula por las calles. Se apropia de todo, capta momentos a la velocidad del pestañeo -tal vez más rápido-, uno atrás del otro, y en la tormenta de imágenes estás vos, con esa cara tan tuya. No aplica demasiados criterios, el robotito obtura, guarda información para componer una imagen del mundo, una de las tantas que se pueden componer. El robotito tiene pegada una calco de google en la frente, google es un mundo, google es dios, se queda con tu cara y ni siquiera te saluda. Eso sí, después te deja buscarte y encontrarte en formato de archivo digital interactivo. Entonces hay más gente que te mira, millones que te miran, las miradas se multiplican exponencialmente hasta convertirte en un detalle, hasta que el detalle de convierte en nada. Y vos ahí, en formato de archivo digital interactivo, leyendo una revista donde te dicen que te miran porque te quieren sacar una foto. Nada. Hay un artista, Jon Rafman, que quiso mirar al que mira, o mejor dicho, que miró lo que miraba el que mira. Hurgó en las fotos en busca de algo que lo movilice, un hilo conductor por fuera de la secuencia insípida del google street view. Encontró un manojo de reflexiones sobre la mirada, lo tituló 9-eyes, técnicamente es una recopilación de fotografías, cuidadosamente seleccionadas, que sin querer capturó el robotito. Es decir, Rafman ejerce la fotografía sin sacar fotografías: se apropia de lo que el robotito se apropió, objetivo artístico mediante.

El proyecto comenzó en 2010. Con paciencia, el artista recorrió la aplicación en busca de imágenes impactantes, bellas, curiosas, atípicas; desnudó un subtexto cultural, un espacio estructurado y estructurante donde el significado aparece en manos del curador. El trabajo de Rafman demuestra que la colección indiscriminada de calles con sus personajes representa una experiencia característica del mundo contemporáneo. Y más: expone inteligente una mirada crítica de la selección de contenidos que hace google a través de sus servicios, construye un universo paralelo que sólo gracias a la tecnología puede ser percibido. Tal vez ficticio, tal vez real, pero claramente observable. Y público. Google es un ojo ubicuo, 9-eyes es un criterio.

Rafman extrae las fotos de internet, las amplía y las cuelga en museos y galerías. Las consideraciones estéticas varían de acuerdo a las colecciones que organiza, por ejemplo algunas se ven influidas por sus conocimientos en historia de la fotografía y aluden a estilos anticuados, otras avanzan en una línea estética contemporánea, prestan especial atención a los aspectos formales del color y composición. Por los errores de la cámara ni se preocupa, los utiliza como huecos o como un elemento oscuro que es parte de la instantaneidad de la toma. Tampoco le presta atención a las flechas, a la brújula o la firma de copyright, de hecho utiliza estas señales como una huella del proceso en sí, es una representación sincera de cómo se genera la obra final, conservando la emoción del instante.

Las colecciones 9-eyes encuentran una tensión entre la cámara automatizada y un ser humano en busca de significados, sostienen que en el objetivo de contar y ser contados aparece en primer término la soledad y el anonimato. Incluso proponen una mirada distinta a la supuesta utilidad del motor de búsqueda de google, lo interpreta como un generador de miradas individualistas e independientes. Hay un testimonio real a través de sus cámaras, pero no opera en profundidad, se desentiende del mundo y de cualquier lectura moral. El curador, en este caso Jon Rafman, busca marcos dentro de otros marcos, enlaza el costado humano y reconoce la impotencia de ser declarado insignificante.

Y vos ahí. ¿Seguís leyendo?. Ojo, te están mirando.

Galería completa del proyecto 9-eyes

Markus Kayser

La producción de energías alternativas es una de las principales preocupaciones -y ocupaciones- del escenario científico contemporáneo. Se habla de una crisis de hidrocarburos, de la necesidad de remplazar todas las variables que no contemplan el cuidado del medioambiente y de optimizar el aprovechamiento de la materia prima. El artista alemán Markus Kayser se alista en la búsqueda de nuevas opciones y propone dos obras, Solar Sinter (2011) y Sun Cutter (2010), que utilizan la energía solar para crear y modificar objetos a partir de sistemas tecnológicos simples ubicados en zonas desérticas.

El artista señala que hay dos elementos dominantes en los desiertos de todo el mundo: el sol y la arena. El primero es la fuente de energía más potente jamás conocida, el último es una reserva ilimitada de sílice en forma de cuarzo. Esta observación, lineal e inmediata, le sirvió como disparador para pensar en una máquina que reúna ambos elementos a través de un proceso tecnológico. El resultado fue el Solar Sinter, un dispositivo capaz de calentar la arena a punto de fusión: la arena se convierte en cristal, el cristal, una vez que se enfría, genera una pequeña escultura.

La obra está equipada con una lente de Fresnel (1,4 x 1,0 metros) para enfocar un haz de luz solar que permite generar una temperatura de entre 1400 y 1600 grados centígrados. A medida que el sol gira, una serie de sensores fotosensibles hacen que la máquina se desplace sobre su base para asegurar siempre el nivel óptimo de calor. Dos paneles fotovoltaicos proporcionan electricidad para cargar una batería, que a su vez mueve los motores y activa los componentes a electrónicos; también actúan como contrapeso para la lente con la ayuda de botellas llenas de arena.

A un costado se instala un teclado, una pantalla LCD y un tablero electrónico donde se pueden cargar archivos con códigos de dibujo. El dispositivo se mueve bajo coordenadas X-Y, a una velocidad precisa para concentrar la temperatura. Capa por capa, el objeto se construye dentro de los límites de una caja de arena. Una vez finalizados, los objetos tienen cara rugosa inversa de arena, mientras que la superficie superior es de vidrio duro. El color exacto del cristal depende de la composición de la arena.



Kayser encuentra en Solar Sinter una relectura del proceso de sinterización, que en los últimos años se ha convertido en una actividad central para la creación de prototipos de diseño. Se lo conoce industrialmente como impresión 3D o SLS (sinterización selectiva por láser) y utiliza una amplia variedad de polvos plásticos, resinas y metales. “La obra combina la energía natural y material con la tecnología de producción. El objetivo principal es plantear interrogantes sobre el futuro de la fabricación y utilizar del modo más eficiente los recursos naturales. Si bien no es dar respuestas definitivas, este experimento pretende ofrecer un punto de partida para nuevas ideas”, apunta.

En el contexto de una comunidad que vive en el desierto -continúa Kayser- la máquina de sinterización solar también puede actuar como un catalizador para las necesidades más inmediatas. Incluso, de lograr un mayor desarrollo, se podrían diseñar soldadoras, cortadoras, plegadoras y fundidoras solares, entre otras herramientas, para construir un taller en pleno de desierto, basado exclusivamente en la energía solar. “Los grupos que se dedican al desarrollo del código abierto, notablemente activos en la fabricación de software y hardware, podrían desempeñar un papel clave. Solar Sinter, queda claro, es un primer paso para un gran abanico de nuevas aplicaciones”.

Otra posibilidad que señala el artista es la de trabajar sobre una arquitectura desértica en base a esta misma metodología: construir ambientes, diseñar viviendas de cristal, lo cual abriría una nueva gramática social en zonas donde antes era imposible pensar en un desarrollo comunitario sustentable y accesible.

Las primeras experiencias dentro de esta línea las realizó en agosto de 2010. Su primera máquina solar se tituló Sun Cutter, la intención fue utilizar la energía solar para generar cortes semiautomáticos en madera y superficies duras, a partir de un lente-bola de cristal. Es un dispositivo creado con tecnología simple (lowtech) y de bajo consumo. Kayser señala que el proyecto es también un análisis acerca de la producción mecanizada analógica, originaria de una era predigital y autómata.

El Sun Cutter utiliza un sistema de levas -también se desplazan en coordenadas X-Y- para controlar la forma del corte. El movimiento está generado por un pequeño motor que se desplaza con la ayuda de una correa de distribución. Cada corte creado es único, ya que no es perfecto ni constante. Siempre está supeditado a las condiciones meteorológicas.



Las pruebas se realizaron en el desierto del Sahara, cerca de Siwa, Egipto. Fueron dos semanas de trabajo intensivo, afortunadamente con resultados exitosos. “Estas máquinas y sus capacidades abren un camino hacia lo que yo imagino como una herramienta de la nueva producción: energía solar de gran potencial”, subraya.

Los dos nuevos proyectos de Markus Kayser generaron gran repercusión en los cinco continentes, la clave está en la propuesta, definitivamente contemporánea, de reinterpretar procesos industriales sin la necesidad de recaer en fuentes energéticas convencionales, sin perder de vista exigencias medioambientales y redefiniendo barreras geográficas. Hay un enlace con el concepto -a esta altura clásico- de hacer uso del desuso.

David Benqué

Imaginemos un jardín lleno de flores y árboles y frutos exóticos, imaginemos que los frutos tienen formas imposibles y que emiten melodías. Los insectos que allí viven interactúan con el entorno, generan sonidos que los mismos árboles amplifican. Esto que parece una escena de cuento es apenas una pequeña parte del proyecto Acoustic Botany (2010), del artista inglés David Benqué, un ferviente investigador en ingeniería genética y biología sintética. Parece un delirio pero es real: Benqué está trabajando la posibilidad de diseñar, manipulación mediante, vegetales que sean capaces de interpretar melodías.

Acoustic Botany está en etapa de desarrollo, el objetivo es, además de darle vida a un jardín acústico que modifique su carácter fonético a lo largo de las estaciones, anticipar un futuro próximo donde los adelantos en genética no sean únicamente utilizados para abordar cuestiones relacionadas con la salud, los alimentos o el medioambiente, sino también para extender la edad y satisfacer deseos estéticos. “Le hemos dado forma a la naturaleza durante miles de años. Con este jardín fantástico, a modo de ecosistema controlado de entretenimiento, me propongo explorar nuestra relación cultural con la naturaleza, y cuestionar su devenir en la era de la biología sintética”, explica Benqué.

Las investigaciones se están desarrollando junto a un equipo de asesores científicos de la Universidad de Harvard y de la División de Biociencias Moleculares del Imperial College de Londres. La metodología utilizada es un cruce con las prácticas agrícolas tradicionales. Por ejemplo, el fruto String-Nut tiene una cáscara hueca, perforada, que actúa como caja de resonancia de los sonidos de masticación y estridulación de varios insectos. El artista está realizando experiencias en laboratorio para que los árboles puedan dar este fruto, de distintos tamaños, y así variar las notas y las combinaciones musicales posibles.

El interior de estas nueces contiene una pulpa dulce, que es devorada por los insectos. Entran en el fruto por los distintos agujeros y allí permanecen hasta que comen todo, durante ese proceso accionan una serie de fibras que funcionan como cuerdas. El pulso de esas cuerdas genera música. Cuando la pulpa se termina suelta una semilla a la tierra para que germine y le de vida a una nueva planta.

Benqué sabe perfectamente que no va a lograr sonidos absolutos, de extrema belleza; su intención es comenzar con mecanismos simples, como fuelles y vejigas. Otro ejemplo, en este sentido, es el Agrobacterium modificado, capaz de digerir azúcares y nutrientes para generar en su interior parásitos que producen gas. Cuando la presión del gas aumenta, el fruto lo exhala a través de los estomas [los poros de los vegetales]. De este modo se producen silbidos, como si tratara de un globo al cual se le va quitando lentamente el aire desde el pico. El tamaño de los estomas regula la intensidad y la frecuencia de los sonidos generados.

El Giant Speaker Lilly, otra especie, está inspirada en una flor real que captura insectos y los cubre de polen durante un día completo hasta matarlos. La intervención de Benqué amplifica mediante membranas naturales las vibraciones que se producen dentro de la flor, sus hojas y los capullos, al momento de la captura. El artista explica que se trata de una réplica de un altavoz de gran formato.

El equipo de investigadores está analizando los efectos reales que estos cambios biológicos pueden tener sobre las plantas, especialmente en sus posibilidades de reproducción. Probablemente, señalan, las especies necesiten de la intervención del humano para que no tengan efectos indeseados o se trunque su crecimiento y propagación.

La idea del artista es lograr algo más que una experiencia perceptiva, busca crear modelos de sonido distintos, para atraer a la audiencia de forma directa. También tiene en sus planes editar un pequeño libro con diagramas e ilustraciones, que exponga todos los detalles de los nuevos vegetales y explique las relaciones internas en el ecosistema que los reúne. Benqué imagina una banda sonora integrada, armónica con los sonidos clásicos de la naturaleza. “Igual sabemos que va a ser imposible controlar esta música, el crecimiento de las plantas es una incógnita, una incógnita inevitable”, agrega.

En base a este proyecto, desarrolló la instalación Silver Acres (2010), donde expone la evolución del jardín acústico a lo largo de un año, durante las cuatro estaciones. Para esto se vale de miniaturas realizadas en vidrio y polímeros, situadas sobre una interfaz electrónica que va mutando a medida que avanza el tiempo y se modifican, virtualmente, las condiciones meteorológicas. El artista se ha cuidado de no caer en lugares comunes en la representación de Acoustic Botany, por eso se definió por imágenes abstractas y luces y colores repartidos arbitrariamente. Las piezas tridimensionales representan cada uno de los vegetales que se están desarrollando en laboratorio: por un lado hay una orquesta de String-nuts, por otro las flores carnívoras sonoras y el vivero principal con frutos modificados.



Esta instalación se ha presentado en el Royal College of Art de Londres. Está en carpeta la idea de armar un espectáculo integral cuando los vegetales estén terminados.