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Guillermo Habacuc Vargas

Quienes estén acostumbrados a disfrutar del arte como una actividad decorativa abandonen la lectura de este artículo inmediatamente. El costarricense Guillermo “Habacuc” Vargas (1975) es un artista que ha despertado odio acérrimos, incluso hay agrupaciones que intentan prohibirle que continúe exponiendo. Tienen sus motivos. Pero, como todo lo que hace a la multiplicidad de interpretaciones, vale la pena abrir la discusión.

Habacuc vive en Cartago y es autodidacta. El pseudónimo no tiene nada que ver con el profeta hebreo, él mismo explica que lo utiliza por una cuestión fonética. Su obra analiza las relaciones políticas y sociales contemporáneas, critica puntualmente los cortocircuitos que desatan los abusos de poder, tomando como eje la filosofía estructuralista y post-estructuralista.

En su primera video-instalación, Instalación #1, presenta una serie de plantas reales; detrás, sobre una pared blanca, proyecta un video donde una persona riega cada una de las macetas. Las plantas, obviamente, con el correr de los días se secan, lo cual pone en evidencia la desconexión que existe entre el mundo virtual o ilusorio y la vida real. Para su instalación sonora Himnos, mezcló en un mismo espacio los himnos nacionales de todos los países de Centroamérica. El resultado es un ruido caótico que demuestra las contradicciones que aparecen cuando se descontextualizan (se rompen la barreras de espacio y tiempo) los íconos políticos de una región determinada.

Es constante el uso del humor en sus intervenciones, por ejemplo, para la obra Rótulos ubicó en la puerta de entrada de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de Costa Rica un cartel que tenía las palabras Lame culos (se leía cuando la gente ingresaba) en la cara exterior y la palabra Encomiástico en la cara interior (se leía al salir). Los términos son sinónimos, uno es académico y elegante, mientras que el otro es vulgar y grosero. En síntesis: Habacuc sugiere con esta obra que la enseñanza artística es pura forma y decorado.

Para Pausa, infiltración televisiva (2007) Habacuc, junto con 11 artistas, incrustaron producciones videográficas propias en el aire del canal mexicano Televisa. Uno de los operadores técnicos fue cómplice para emitir, sin permiso ni aviso previo, cada uno de los trabajos, que aparecieron interrumpiendo programas de debate político e informativos.

El quiebre definitivo en la carrera del costarricense es Exposición #1, su primera muestra individual, que tuvo lugar en la Galería Códice de Managua. Estaba integrada, en primer lugar, por documentación fotográfica de la obra Alfombra roja: una alfombra hecha con 300 kilos de tomates, para la V Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano. En la sala sonaba repetitivamente el himno sandinista al revés. En la pared, con gránulos de alimento para perros, estaba escrita la frase Eres lo que lees. A un costado, en una vasija, se quemaban lentamente 175 piedras de crack y 25 gramos de marihuana. Y lo más violento: en un rincón, Habacuc ató un perro callejero con una cuerda, al cual dejó morir de hambre.

El perro, que llevaba a propósito el nombre Natividad, tenía la salud muy comprometida. Nunca fue alimentado, tampoco se le convidó agua. A los tres días de inaugurada la muestra, murió de inanición. Acto seguido, una multitud integrada por grupos ecologistas y militantes en defensa de los derechos de los animales comenzó una campaña de repudio a Exposición #1 y, obviamente, a su autor: Habacuc.

La semilla de la instalación data de fines de 2005. El 11 de noviembre, en Cartago, un indigente de 25 años llamado Natividad Canda fue atacado salvajemente por dos perros rottweiler. Canda quiso entrar a robar en un taller pero fue sorprendido por los dos animales, que masticaron su cuerpo hasta dejarle los huesos expuestos. Las pericias señalaron que fue arrastrado 25 metros y recibió más de 200 mordiscos en casi dos horas. La policía llegó a la hora del ataque, pero no intervino para no herir a los perros; los bomberos, avisados media hora después de alertado el hecho, con sus mangueras a presión lograron disuadirlos. Canda murió en el hospital Max Peralta de Cartago a los pocos minutos.

Habacuc tomó el caso de Canda como punta de debate y pensó Exposición #1 en consecuencia. La finalidad de la obra era fomentar el análisis de una situación social y políticamente contradictoria; sin embargo, lo único que consiguió en lo inmediato fue recibir señales de odio y rechazo absoluto hacia su persona y sus propuestas artísticas. La web se pobló de espacios que lo tildaban de asesino y torturador. Habacuc recorrió todos esos espacios y con el material que fue encontrando armó el sitio Eres lo que lees donde compila cientos de interpretaciones que tuvo la instalación: las posturas terminantemente en contra, otras a favor y las más racionales, que se animan a sumergirse en la polémica y escuchar el abanico argumentativo completo.

En una entrevista con la prensa colombiana, el artista explicó que lo más importante era dejar al descubierto la hipocresía de la gente. “Un animal así se convierte en foco de atención cuando lo pongo en un lugar blanco donde la gente va a ver arte pero no cuando está en la calle muerto de hambre. Igual pasó con Natividad Canda, la gente no se sensibilizó con él hasta que se lo comieron los perros (…) En mi exposición, nadie llegó a liberar al perro ni le dio comida o llamó a la policía. Nadie hizo nada”, comentó.

Una de sus últimas creaciones es Exposición #2, inaugurada en Milán en septiembre de 2009. Habacuc juntó en una olla sudor de cinco inmigrantes: un cocinero egipcio, una prostituta nigeriana, un constructor marroquí, un albañil rumano, un vendedor ambulante senegalés y un conserje peruano. Con ese sudor, Habacuc cocinó todos los bocados que convidó a los asistentes el día de la inauguración de la muestra. La propuesta es lineal, dejar en evidencia que el sudor de los trabajadores ilegales e indocumentados es el que da de comer a los países desarrollados.

Exposición #2, comida preparada con sudor