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Quidam: Cirque du soleil

Momento. Paren el mundo, por favor, hay algo que no encaja. Sobre el escenario del Cirque du soleil suceden cosas fuera de lo normal. Un equilibrista sostiene en el aire a una mujer con una sola mano, y además de practicar movimientos bellísimos, parece que lo hace sin esfuerzo. Debe ser un error, o una broma, alguien que desconectó la fuerza de gravedad. Eso debe ser. Afuera de la carpa la gente también debe estar volando, haciendo malabares con una pelota, un paraguas abierto y un sombrero. ¿Ah no?. Entonces magia. ¿Tampoco?.

El Cirque du soleil tiene la mejor producción del mundo, la mejor tecnología en escena, el mejor vestuario, la mejor dirección artística y visual, el más riguroso entrenamiento, la mejor publicidad, el mejor diseño de personajes. Las posibilidades para crear un espectáculo son ilimitadas. Pero sin arte, se va todo al fondo del barril. Ahí está el secreto. Cada elemento, cada detalle está pensado desde la sensibilidad de un artista; el resultado: un show perfecto.

Quidam, el espectáculo que presentó la compañía durante todo el mes de junio en Argentina, fue estrenado en 1996 y desde entonces está en gira mundial. Cuenta con un staff de 52 artistas, provenientes de quince países. El argumento está centrado en Zoé, una niña cansada de encontrar la misma realidad en el mundo. Sus padres no le prestan atención, se la pasan trabajando y preocupados por asuntos de adultos. Los días de la niña transcurren aburridos hasta que dos personajes muy particulares [la alegría y el misterio] le muestran un universo paralelo, completo de situaciones y personajes increíbles. Quidam, como palabra, hace referencia a una persona cualquiera, un anónimo que forma parte de la sociedad sin identidad propia. Este mismo concepto es la búsqueda metafórica de la pequeña Zoé, la crítica a un mundo aparentemente sin sobresaltos, a una vida insignificante.

Los artistas que integran el cuerpo estable del Cirque son atletas o malabaristas que trabajaban en circos pequeños o directamente en la calle. La política de la compañía es reclutar a los mejores a partir de un casting internacional; no interesa la nacionalidad ni la edad. Por ejemplo, la artista más joven –una niña china- tiene ocho años. Ella viaja por el mundo junto a su familia. Son tres meses de gira, una semana de vacaciones, y nuevamente a la rutina de ensayos y entrenamiento. Además de los veinte shows que presenta simultáneamente en distintos países, el Cirque cuenta con dos centros, uno en Montreal, otro en San Pablo, donde desarrolla actividades pedagógicas y de inserción social para chicos en situaciones marginales.

Quidam está dividido en nueve actos. El primero es una performance de rueda alemana, una estructura metálica de forma cilíndrica, manipulada por un artista que arriesga piruetas impactantes, como lanzar sentado un doble salto mortal. También aparecen las malabaristas chinas, que llevan al diábolo [un juguete con forma cónica que se mantiene girando a través de un hilo atado a dos palitos] hasta el límite de sus posibilidades. Tal vez lo más impactante es la performance de Asa y Jerome, dos equilibristas que utilizan sus cuerpos como soporte. El uno al otro van encimándose hasta adoptar figuras imposibles, ejemplo: Jerome de pie, Asa cabeza abajo, sostenidos únicamente con la fuerza de sus hombros. En ningún momento, en los diez o doce minutos que dura el acto, están los dos con los pies firmes en el suelo al mismo tiempo.

La cocina del Cirque elabora cerca de 300 platos por día; la alimentación es fundamental para que los artistas se mantengan en forma. Reciben cinco comidas diarias para no forzar el sistema digestivo, comen en cantidad pero en porciones pequeñas y distanciadas. Además, la compañía viaja con un equipo de profesores que da clase a todos los chicos que integran el staff. Mientras no están ensayando o en función, están estudiando. Es una verdadera escuela que trabaja con horario de mañana y tarde; imparte educación en materias formales como matemática, física e historia, pero hace especial hincapié en los idiomas.

Durante el show no se pronuncia una sola palabra, probablemente para sostener un código internacional, sin barreras idiomáticas. El clown que aparece en dos oportunidades, Guillermo “toto” Castiñeiras, un artista marplatense que se sumó a la compañía en 2004, apela a un trabajo gestual admirable para involucrar a un puñado de espectadores en escenas disparatadas. Este personaje es clave en la dinámica del Cirque, además de trabajar el humor y ablandar el nerviosismo que generan los actos aéreos y de malabarismo, recupera el lenguaje universal del circo. Con un sombrero, un poco de maquillaje y un chaleco a rayas, se despide del escenario con el público aplaudiendo a carcajadas.

El creador del Cirque es el canadiense Guy Laliberté (1959), en sus años de juventud se dedicaba a caminar sobre zancos y a escupir fuego. De a poco, fue concretando el sueño de crear un circo que reúna todos los estilos circenses, incluso los más contemporáneos, como equilibristas de bici-cross. El debut fue en 1984. Actualmente, es dueño del 95% de las acciones de la compañía y fue señalado en 2009 como una de las cien personas más influyentes del mundo. Con el dinero que gana suele darse gustos caros, como viajar al espacio exterior; Laliberté es el primer payaso espacial, estuvo más de diez días viviendo en órbita, a bordo del Soyuz TMA-16. También está comprometido con causas de ayuda social, como la creación de la Fundación One Drop, que trabaja para darle solución a la problemática del agua potable a nivel internacional, siempre en base a las artes circenses, con la intención de fortalecer la educación y la participación ciudadana.

La carpa donde se desarrolla Quidam, la Grand Chapiteau, es una obra ingenieril y arquitectónica de alto vuelo. Además del espacio artístico, comprende la entrada, los espacios vip, la cocina y el comedor, la escuela, las casas rodantes, las oficinas, las salas de fisioterapia y los depósitos. Se necesita una superficie de 17 mil metros cuadrados para emplazarla, y un equipo de 200 operarios y una semana completa para armarla. Son aproximadamente 11 mil horas de trabajo, se calcula que una persona sola tardaría más de cinco años en finalizar la tarea. La carpa viaja de país en país y pesa más de 900 mil kilos. Entre todas las comodidades que incluye, tiene la capacidad de autoabastecerse de energía eléctrica.

La característica de Quidam es su exploración poética. Están presentes los números que deslumbran por su dificultad física, pero también incluye pasajes de un lirismo prodigioso, el acto en tela, por ejemplo. La artista, llamada Anna, trabaja el cuerpo en el aire hacia una metáfora que incorpora la imagen de la muerte. En calma, con movimientos armónicos, se va fundiendo en la tela para dominar hasta el último músculo del cuerpo.

Como en todas las puestas del Cirque, la música se ejecuta en vivo. Una banda (batería, bajo, guitarra, cello, violín, saxo y sintetizador) interpreta composiciones del canadiense Benoit Jutras, quien también trabajó para Mystère (1993), O (1998) y Alegria (1999). La música es flexible a lo que sucede, a veces sucede que, de tan complejas, los artistas fallan sus piruetas; los músicos están atentos a cada movimiento del escenario y modifican al instante lo que están interpretando para acompañar y emparchar musicalmente el error. Este recurso le da aire a los artistas para retomar la performance sin perder el ritmo del show ni la expectativa del público.

No hay detalle librado al azar. No hay recurso que no tenga una doble lectura. No hay magia, hay esfuerzo, ideas de avanzada y una puesta en escena exquisita. Sin exagerar: el Cirque du soleil es la compañía circense más impactante que se ha visto.

Quidam

3 comentarios:

08 agosto, 2010 @cristian dijo...

Es una verdadera pena que no se acerquen a nuestra ciudad. Ademas de que la entrada es costosa los del interior debemos sumarle los costos de ir a la capital.

10 agosto, 2010 Anónimo dijo...

estuve ahí, me rompió la cabeza

26 septiembre, 2010 Anónimo dijo...

ya no tocan en mdq? que yerba