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Gilberto Esparza: Plantas nómadas

Los peligros del cambio climático se han convertido en el primer inciso de la agenda política mundial, y desde ahí parecen estar dirigiendo los hilos de toda discusión, incluyendo la artística. No hay certezas aún sobre las consecuencias de este supuesto mal que aqueja al planeta tierra, pero, por las dudas, ya están sonando las alarmas. Una de ellas es la del artista mejicano Gilberto Esparza, autor de Plantas nómadas, un ecosistema robótico autónomo en el que plantas, bacterias, insumos electrónicos y maquinaria integran un sistema simbiótico donde se desarrollan procesos de limpieza y de generación energética.

La pieza es un pequeño robot de forma arácnida que camina suelto por un territorio natural, preferentemente agreste, con una planta en su lomo (en su superficie). Si en su camino se cruza, por ejemplo, con un pequeño lago contaminado pone en funcionamiento una bomba de succión que le permite cargar agua en su propia reserva, donde realiza un proceso de purificación. El agua, ahora perfectamente limpia, la utiliza para regar la planta que lleva a cuestas. Y los microbios, químicos y metales pesados que extrae los convierte en su propio combustible para seguir avanzando.

El robot juega el rol de un anticuerpo que interviene lugares infectados y desarrolla tareas de limpieza con el objetivo de reparar o equilibrar ecosistemas dañados. Lo más interesante es que, paradójicamente, cuanto más contaminado se encuentre el ecosistema donde interviene mayores son las posibilidades de supervivencia.

El artista explica que su intención es proponer una reflexión sobre el comportamiento del ser humano y su avance tecnológico con el medioambiente, puntualmente por la ausencia de una simbiosis real y concreta que permita una convivencia armónica. Y la única forma de lograr un compromiso real en este sentido es abrir la posibilidad de regresarle a la tierra la energía que día a día, minuto a minuto, se está utilizando para mantener a la sociedad en movimiento.

“Es importante cambiar la dirección en el camino de la tecnología. La tecnología siempre ha obedecido a la productividad, a que todo vaya más rápido”, explica Esparza. Plantas nómadas es exactamente lo contrario, trabaja de un modo súper lento para evitar cualquier desgaste y ralentizar los procesos de envejecimiento, sólo se mueve para poder sobrevivir: para buscar alimento (agua) o evitar una amenaza externa. Las bacterias que utiliza generan muy poca energía, pero es suficiente para mantener al robot en movimiento. Incluso hay momentos, depende del lugar donde se encuentre, en que genera un excedente energético, entonces gasta lo que sobra emitiendo sonidos para mimetizarse con el entorno. “La tecnología favorece al sistema económico, pero hay otras posibilidades. Estamos intentando decir muchas cosas sobre la tecnología y el medioambiente, tenemos que hacer un click y cambiar nuestra relación. Entender que se pueden utilizar estas tecnologías para aprovechar otro tipo de energía que no sean los hidrocarburos”, apunta.

Las Plantas nómadas actúan mediante la unión de distintas formas de inteligencia, que en conjunto conforman una especie más fuerte proveída de comportamientos autónomos, toma de decisiones y voluntad propia. Su funcionamiento se basa en una serie de engranajes y poleas plásticas, especialmente diseñadas para que soporten los embates del clima. Su organismo es un sistema nervioso biodigestivo y el delineamiento de su esqueleto, además de ser geométricamente armónico, está pensado para que sea lo más liviano posible, así optimizar el consumo de energía.

Cuando la Planta nómada encuentra un lago con agua contaminada, su sistema informático archiva las coordenadas recorridas, para facilitar el acceso al alimento en el caso de una urgencia de escasez de energía. Cuando tiene las reservas llenas se aleja a una zona seca y sin peligros para hacer la digestión. El proceso de purificación es complejo: el sistema digestivo acelera el proceso de biodegradación del agua. Con sus celdas de combustible microbianas realiza un proceso electroquímico que produce electricidad y mejoran la calidad del agua. El único desecho de la Planta nómada es agua purificada que sirve para nutrir los vegetales que viven en ella. Recién cuando se termina el agua de sus reservas, con la energía que almacenó, vuelve a movilizarse, lentamente, hacia una fuente de agua contaminada para reiniciar el ciclo de purificación y generación.

Gilberto Esparza es muy claro al momento de señalar los bordes políticos de su creación. Considera que el nudo de la discusión política internacional es la tensión constante acerca de los modos de producción de energía renovable. “Hay que cambiar el rumbo. El sostenimiento de un sistema basado prácticamente en una sola fuente de energía -el petróleo- subordina las economías mas débiles a un pequeño núcleo de poder, con consecuencias devastadoras para el planeta en términos sociales y ambientales”, subraya.

El artista deposita en el avance científico y el arte el potencial de transformación de las formas de vida y las relaciones políticas y sociales en el mundo. “El aire y el agua son las fuentes energéticas del futuro. Así bien, quizá podamos imaginar la complejidad de las negociaciones futuras en el control de los recursos”, agrega. El proyecto Plantas Nómadas funciona como metáfora de la condición humana alienada y de las consecuencias de su actividad en la naturaleza.

Los conocimientos que Gilberto aplica a sus obras proviene de la experimentación, su formación es netamente autodidacta, aunque, por supuesto, trabaja en un taller junto a científicos que proponen y aconsejan formas de manufacturación y ensamblaje. La idea es siempre realizar artesanalmente cada una las piezas, para poder perfeccionarlas y pulir los errores que van apareciendo.

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