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Aram Bartholl

Oscar Wilde sostenía que la naturaleza copia al arte, y no al revés. Esa misma lógica, irónica y creativa, puede aplicarse a la obra del artista alemán Aram Bartholl: la realidad copia al mundo virtual, y no al revés. Las ciudades se han convertido en espacios ávidos de intervenir con tecnología. En los tiempos que corren, donde no es tan simple señalar con claridad los límites de la realidad, aparecen grietas donde el arte cumple un rol decisivo, un rol que, por una parte se burla de tantos adelantos y por otra los resignifica para modificar su funcionalidad.

Una de sus creaciones recientes, Map (2009), consiste en replicar los globos característicos del Google Maps en madera y ubicarlos en lugares reales, exactamente donde el buscador, para brindarle un servicio de referencia geográfico al usuario de Internet, señala el centro de la ciudad. Bartholl demuestra con esta obra que la percepción de las ciudades contemporáneas está cada vez más influenciada por los servicios de geolocalización. La herramienta web utiliza un simple ícono gráfico de veinte píxeles que mantiene siempre el mismo tamaño en la pantalla del ordenador. Las dimensiones del marcador real en el espacio físico (6 x 3,5 x 0,35 metros) se corresponde proporcionalmente con el tamaño del de la interfaz.

La intervención Dead drops (2010) mantiene la misma línea conceptual, apunta a reinterpretar los espacios públicos como escenarios donde la tecnología se acopla armónicamente sin perder su aplicación social. La idea es ubicar en muros, bancos de plaza y teléfonos públicos, entre otros lugares, pendrives -unidades flash USB- para que cualquier transeúnte conecte su ordenador portátil y descargue un archivo de regalo. Puede ser un libro en pdf, una canción, un programa, un videojuego, cualquier cosa plausible de compartirse en poco tiempo y de modo directo, peer-to-peer. El proyecto, tan simple, está pensado para que se multiplique a lo largo de todo el mundo, en la mayor cantidad posible de ciudades. En algún punto es también una exploración sobre cómo transferir archivos sin tener la necesidad de conectarse a la web.


Para Highscreen (2011), Bartholl abre el acceso a Internet en los insumos tecnológicos que fueron arrojados a la basura. Rastrea monitores y ordenadores fuera de uso y los conecta a la web con una señal propia, en menos de cinco minutos. La intención es que cualquiera pueda navegar por la red, además probar que la accesibilidad a la tecnología es cuestión de creatividad, que no hacen falta inversiones millonarias ni legislaciones anacrónicas. El proyecto es sólo una forma de hacer visible un concepto artístico, porque la gente que ve el ordenador conectado en la basura, es entendible, no utiliza el servicio. Tal vez por temor, tal vez por la sorpresa que genera. Aun así, la idea tiene una gran fuerza, recupera obras que desarrollaron artistas net.art como Evan Roth, Constant Dullaart y Cory Arcangel.

Bartholl acuñó el termino pop.net.art, que da un paso más dentro de la tradición del net.art, con la intención de sumar un costado popular, de acceso masivo a la tecnología y al arte que circula por la Internet.

Un ejemplo puntual de esta búsqueda es la obra-acción Speed show exhibition (2010), el artista convierte un cibercafé en una galería de arte digital. Ya se realizaron tres ediciones de esta serie, una Berlín, otra en Viena, otra en Ámsterdam. Bartholl alquila todos los equipos de un ciber durante un día e invita a todo aquel interesado a que exponga sus obras. La única condición es que todo el material que se muestre esté online, tiene que poder verse en un navegador convencional. No se pueden llevar puertos externos o modificar físicamente los ordenadores. El programa es público y se lleva a cabo durante las horas normales de apertura de la tienda. La inauguración es libre y gratuita, generalmente se sirve café y se permite chequear el correo electrónico.

Una obra polémica que desarrolló es una crítica al imperio Google: directamente fabricó un falso coche del servicio Google Street View. Es una réplica exacta que recorre las calles de Berlín, no filma ni toma imágenes, simplemente aprovecha la reacción social que genera cuando pasa. El artista subió a la web un plano para construir una réplica del dispositivo. Según explica, su intención es que la gente -cuanto más mejor- se divierta conduciendo por las calles de la ciudad.

Aram Bartholl ha realizado más de 35 obras, tanto en galerías como en museos y en espacios públicos de Alemania y Nueva York. La mayoría han logrado repercusión en otros países de Europa, siempre a través de la divulgación vía Internet.

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