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Rodrigo Derteano

La ciudad de Lima (Perú) se está extendiendo silenciosamente hacia el desierto, se calcula que en la última mitad de siglo creció más de un sesenta por ciento sobre estas zonas, que lógicamente carecen de infraestructura urbana sustentable, por ejemplo no hay cloacas ni agua potable. Es un proceso -a esta altura irreversible- que comenzaron las clases sociales más humildes por necesidad habitacional. Y es fenómeno que se está replicando en todo el mundo, tanto sobre espacios desérticos como en hábitats selváticos e incluso en plena superficie marina, como sucede en Europa del norte. El artista peruano Rodrigo Derteano hace pie en esta problemática con su obra Ciudad Nazca (2010), una acción interdisciplinaria donde reúne nociones de arquitectura, urbanismo, mecánica, robótica, historia latinoamericana y arte del paisaje (land art).

El proyecto consiste en un robot -un cuatriciclo modificado- que mediante un arado va dibujando surcos en la zona desértica de la costa peruana. Los surcos conforman el mapa de ciudad imaginaria que sólo puede verse en su dimensión real desde un avión, igual que sucede en Nazca con sus líneas ancestrales. La concreción de la obra necesitó de un equipo de especialistas que se asentó en un campamento para seguir de cerca el funcionamiento de los dispositivos y documentar el proceso en su totalidad. El robot recibe órdenes, mediante una señal inalámbrica, sobre cómo y qué dibujar.

El plano de la ciudad fue diseñado en colaboración con los estudios de arquitectura Supersudaca y 51-1, de gran reconocimiento en todo el continente. Ellos propusieron un cruce de trazados de distintas ciudades latinoamericanas, en su mayoría las más grandes y las que han mantenido su orientación original a pesar de su crecimiento territorial. El resultado fue una nueva ciudad, que incorpora un collage muy amplio de ideas, y que artísticamente luego se representa en tamaño real sobre el desierto.

Derteano explica que su intención es reflexionar sobre el crecimiento de las ciudades -en consonancia con el impacto demográfico- y reinterpretar los espacios que hace relativamente poco tiempo parecían no tener valor alguno. El desierto -asegura- fue visto como un no-lugar, y no como parte del medio ambiente, no era considerado parte de la ciudad por las clases dominantes y las autoridades hasta que se convirtió en la mayor parte.

El robot cuenta con dos sensores que lo ayudan a orientarse, uno es un gps convencional, y el otro es una brújula digital de alta precisión. Cada orden que recibe impacta sobre el volante, el acelerador, el freno y el arado: determina su aceleración, su dirección y la extensión del trazado. El proceso es completamente automático, el robot sigue un programa que funciona en base a un sistema de puntos que delimitan digitalmente el terreno. Cada punto -son cientos de miles- conforman el lenguaje robótico que el cuatriciclo decodifica mientras avanza. De acuerdo con su posición, busca el punto más cercano para unirlo, y así sucesivamente hasta que termina su dibujo.

El artista señala que el proyecto replica lo que ya está sucediendo en la costa peruana, donde la especulación inmobiliaria llegó a un extremos inéditos, hay quienes pintan con tiza áreas en el medio del desierto y se instalan ahí con sus familias para vivir. “Es un tema muy interesante. Yo no creo que se esté analizando en profundidad cuál es verdadero impacto de este proceso expansivo. Tampoco hay conciencia de hasta dónde se puede llegar y hasta dónde se pueden explotar los recursos que tiene la ciudad”, agrega. Derteano se muestra especialmente preocupado por la viabilidad del fenómeno y cuál es el concepto de ciudad que surge en consecuencia de los cambios. Mientras se intenta cuidar los espacios verdes -observa- el avance de la ciudad se refleja en un entramado de autopistas que atraviesa un paisaje de dunas, lo cual dispara reflexiones muy complejas sobre la noción occidental de ciudad y la realidad: los resultados finales del desarrollo urbano.

La obra cita a Nazca en su nombre por razones obvias, básicamente es una actualización del procedimiento utilizado por el pueblo originario de esa zona entre el siglo II a.c y el siglo VI d.c. Derteano copió incluso el recurso de borrar la superficie, pero en este caso para dibujar una ciudad. “Además, las líneas originarias de Nazca están trazadas sobre una pampa completamente desértica. Presenta el punto de encuentro en la ciudad y el desierto. A cualquiera podría parecerle que la ciudad representa a la vida y el desierto a lo agreste o a lo inerte. Pero es una visión incompleta. Ciudad Nazca refleja un encuentro de las dos condiciones. Algunos consideran a las líneas de Nazca como un culto a la fertilidad, un intento de comunicarse con el más allá. En este sentido, sucede un culto a la vida urbana en el desierto de hoy, no se comunica con el más allá, pero sí con nuestra sociedad”, resalta.

El robot tardó entre cuatro y cinco días en terminar el dibujo. La mayor parte del trayecto lo realizó con total normalidad, apenas hubo que asistirlo en dos oportunidades. Derteano pone hoy su atención en lo efímero de la obra: el esfuerzo es muy grande, y en un par de semanas el viento desértico no deja el menor rastro de lo realizado. Pero no se deja llevar por la angustia, al contrario, en parte considera que es preferible que así sea, el desierto es un lugar muy especial para él y no está muy seguro de que sea conveniente dejar marcas permanentes sobre su superficie. “La única forma hubiera sido intervenir un terreno con condiciones idénticas a las de Nazca, que es un área protegida clasificada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Hubiéramos terminado en la cárcel seguramente”, dice entre risas.

Ciudad Nazca no es proyecto terminado, la idea es continuar con la experimentación, a pesar de que es costoso y complejo. Además, la idea es volver a exponer el material de documentación, organizar una gira por museos y galerías de todo el continente.

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