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arte contemporáneo - biografías inéditas - ensayos

Andy Gracie

La ciencia suele ser un escenario hermético, frío, estrictamente delimitado; es claro que el arte contemporáneo toma muchos elementos de allí, pero es necesario dividir las aguas, convertir una obra en un decálogo de fórmulas puede devaluar la experiencia artística hasta convertirla en una práctica de laboratorio. El artista inglés Andy Gracie utiliza lo justo y necesario, los sistemas multidisciplinarios que crea sobrevuelan la inteligencia artificial y la biología para abrir un enlace comunicativo entre el humano y la máquina, pero nunca pierde intensidad poética. Se detiene en los huecos de la técnica, donde puede falsear los mecanismos, o donde directamente no funcionan.

Por ejemplo, el proyecto Deep data (2009) es una serie de actividades en desarrollo que incluye prototipos e investigaciones que conectan la exploración del espacio profundo con los microorganismos terrestres y la astrobiología. Se utilizan los datos de los sensores de exploradores como el Pioneer 10 + 11, los Voyager 1 y 2, entre otros, para crear condiciones específicas para la supervivencia de tardígrados, nemátodos y bacterias. El artista señala que la función principal de las sondas es investigar el medioambiente interplanetario, y en segundo plano indagar sobre posibles medios de vida, y cómo pueden influir en su evolución: llevan mensajes musicales y textos con la esperanza de que alguna inteligencia alienígena pueda decodificarlos. Ahora bien, con los datos que se reciben -demuestra- se puede reinterpretar el medioambiente, igual de extraño y ajeno, de la microbiología. De este modo, da un paso pragmático hacia el uso de las formas de vida microbiana como base para el estudio de la vida en otros sistemas. En lugar de ir hacia afuera, utiliza las investigaciones de afuera para ir hacia adentro, hacia lo mínimo.

Según Gracie, el proyecto examina la cuestión de los límites en los sistemas y en los contextos científicos. “Deep data es una pregunta sobre cómo buscar estos límites, una propuesta de examen cultural y crítica sobre los hábitats y las estrategias para la vida mediante la revisión de la tecnología y los procesos implicados, es analizar filosóficamente los descubrimientos”, agrega.

En la misma línea conceptual desarrolló la instalación Proxy (2010), integrada por dos dispositivos robóticos llamados Esencia y Posibilidad, diseñados para llevar a cabo tareas de reconocimiento de microorganismos en muestras de tierra, musgo y líquenes. Vale aclarar: son copias irónicas de Spirit y Opportunity, robots que fueron enviados a Marte en enero de 2004. Es evidente la inversión de roles en esta obra de arte, donde normalmente se envían robots -lugares peligrosos e inaccesibles- esta vez se enviaron artistas. La expedición, que se realiza en zonas montañosas y húmedas, se filma y se proyecta sobre una pantalla cerca del lugar donde los robots analizan el material recavado.

Los microorganismos como los nematodos y tardígrados son tesoros para las expediciones espaciales, el análisis de sus reacciones en el medioambiente hablan de la vida, sus transformaciones y las posibilidades de adaptación. Proxy se focaliza en la importancia de lo biológico, al igual que todas las misiones en el espacio exterior en busca de cualquier signo de vida, ya sea existente o extinta. El concepto está en dar vuelta todas las categorías: los robots hacen el trabajo de los humanos, los humanos hacen el trabajo de los robots, el análisis es hacia las realidades microscópicas en lugar de ir en busca de la inmensidad del universo.



Aunque parezca increíble, especialmente si uno se detiene a analizar la complejidad de sus creaciones, Andy Gracie es autodidacta. Él tuvo una formación artística clásica, en una universidad inglesa. Después se dedicó al trapecio. De a poco fue experimentando con la programación, la electrónica, la biología, la robótica y la ingeniería. El trabajo que está desarrollando requiere de conocimientos profundos, que encuentra en el asesoramiento con expertos. Pero él está presente en todo el proceso de producción. “El dominio que tengo de todos los elementos dispares del trabajo me permite crear una visión significativa de los proyectos que estoy trabajando y tener una buena base para la especulación. Considero que el acto de autoaprendizaje por ensayo y error, en el estudio en profundidad, es absolutamente necesario para cualquier práctica artística”, apunta.

Otra obra interesante, aunque no muy simple, es Fish, plant, rack (2004) [Pez, planta, estante]. El núcleo de esta instalación es la decodificación de las descargas eléctricas de un pez Gnathonemus petersi en un sistema robótico que se encarga de supervisar el crecimiento de plantas, dentro de un sistema hidropónico. El robot escucha la secuencia sonora del pulso e interpreta los patrones emergentes y la densidad de los clics como parámetros para las acciones. El robot también es libre para expresarse a través de una serie de señales de luz y sonido que modifican el contexto. Poco a poco se va construyendo una relación compleja y directa entre todos los actores implicados, incluyendo a la tecnología.

Para Gracie fue una pieza clave, porque exhibió una clara progresión en sus creaciones. Utilizó datos que circulaban dentro de una gama de procesadores orgánicos y sintéticos. “Fue algo así como los juegos chinos, donde uno susurra al oído del otro pero nunca sabe qué va a salir del otro extremo. Son obras que aprovechan la retroalimentación, algo muy común en los sistemas ecológicos, biológicos y sociales”, señala.



Actualmente, está trabajando en Units (2011), unidades funcionales que se aproximan en su diseño a la tecnología que utilizan en la NASA, la ESA y las agencias espaciales rusas. Gracie está modificando materiales y las dimensiones para crear nuevos objetos que sirvan como plataforma de experimentación microscópica donde el sonido y las transmisiones en directo desde satélites en órbita ocupen un rol determinante en la evolución de las experiencias.

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