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Guto Nóbrega

A esta altura de las circunstancias es un obviedad aclarar que gran parte del arte contemporáneo avanza de la mano con los adelantos científicos. El punto está en observar cómo los artistas fuerzan procedimientos creativos en busca de nuevas preguntas. No interesan tanto las certezas: el objetivo es analizar el campo del significado. El caso del brasileño Guto Nóbrega es un ejemplo interesante, su obra se detiene en la confluencia entre tecnología y naturaleza -especialmente la botánica- para arriesgar experiencias estéticas. Desde la robótica, la cinética, la comunicación y el videoarte se encarga de alumbrar la importancia de la vida vegetal y su interacción silenciosa con el ser humano.

En Breathing (2008) analiza el proceso de la respiración tomando como punto de partida una criatura híbrida, integrada por una planta -organismo vivo- y un cuerpo electrónico -sistema artificial-, que entabla un proceso simbiótico con el entorno a través del movimiento, el sonido y los impulsos lumínicos. El espectador se para delante la criatura y, con el simple acto de respirar, consigue una reacción cinética. Según explica Nóbrega, este trabajo es el resultado de una investigación sobre las plantas como agentes sensibles para la creación artística, con principal interés en desarrollar un diálogo entre procesos orgánicos y artificiales.

Hay una interpretación directa de la respiración como motor artístico, al mismo tiempo es el hilo conector entre el espectador y la criatura. El acto de respirar es primordial para la vida, su accionar permite desarrollar todos los procesos biológico básicos, en todas las especies conocidas sobre el planeta tierra. Es una operación creativa. “La belleza de la respiración es inminente a cualquier criatura, intercambio energético de cualquier sistema En ese momento de alegría y fascinación nos encontramos en un diálogo muy extraño, una metáfora de la vida se crea. La respiración es la celebración de ese momento”, apunta el artista.



Para la instalación Equilibrium (2008) da un primer paso hacia la búsqueda literal de equilibrio dentro de un ecosistema. Es así que desarrolló un dispositivo mecánico que incluye a una planta, dos motores simples, paneles solares, microcontroladores y sensores fotosensibles. El sistema está apoyado sobre un eje que le permite girar de acuerdo a la ubicación de la fuente de luz. En un extremo de la balanza se encuentran los componentes mecánicos y electrónicos, en el otro la planta y los panales solares. A medida que la luz gira –como sucede naturalmente con el sol- la planta, ayudada con dos hélices que se activan automáticamente, va persiguiendo su fuente de energía.

Nóbrega define a Equlibrium como un artefacto de comportamiento autónomo, una clase de híbrido artificial resultante de prácticas artísticas contemporáneas relativas a la creación de nuevos organismos diseñados por el ser humano. La naturaleza, entonces, como concepto, nunca puede interpretarse de manera objetiva; y si el arte es una herramienta para modular la subjetividad, es también un vehículo para ampliar el entendimiento de los fenómenos biológicos y sus cambios constantes.



En el campo del videoarte, Nóbrega experimentó con el cuerpo humano e imágenes de vegetales para crear Ephemera (2008), un trabajó que también surgió de la investigación botánica en conexión con el arte y los adelantos tecnológicos. “Las plantas son interfaces para la naturaleza, si pensamos en la naturaleza como un concepto amplio. En el proceso creativo, así como en la naturaleza, la luz juega un papel fundamental. En este proyecto la luz se ha tomado como elemento de la metáfora, así como la ruta física que combina los seres humanos y la naturaleza en un paisaje único”, apunta. La piel humana se transforma en una pantalla orgánica para conectar dos seres distintos pero que comparten por igual el impulso vital. La obra construye su poética en temporalidades y medios diferentes.



En la misma línea desarrolló el video experimental Happiness (2007), donde una actriz interactúa con dibujos animados de seres imaginarios y plantas. “Esta obra es un intento de crear resonancia entre las cosas del mundo que yo creo abren nuevos bordes de significado”, dice.



Desde 2006, Nóbrega está trabajando en el proyecto Leaves System, que es parte de su doctorado interdisciplinario en la Universidad de Plymouth. Técnicamente es una iniciativa interactiva en biocomunicación que persigue construir un sistema de diálogo en el que las plantas tengan un papel fundamental como agentes sensibles. Mediante sensores que se conectan a las hojas de los vegetales, el artista busca aprovechar cualquier estímulo vital-cinético-eléctrico que permita la comunicación. Y de este modo explorar las plantas como bioconductores a partir de la computación física. El objetivo es desequilibrar a las ecuaciones de un sistema telemático convencional y abrir el espacio para otras variables más sutiles.

Nóbrega pone un pie sobre el terreno de cibernética, pero desde una lectura medioambiental. Las variaciones de luz, calor, humedad, presión barométrica, son influencias objetivas que afectan el comportamiento de la planta y su electrofisiología. Captar ese fenómeno es también entablar un diálogo donde interviene el tiempo y el espacio para atender respuestas subjetivas del entorno. La clave está en la respuesta galvánica de la piel (GSR), que se mide con dispositivo construido sobre un circuito eléctrico de medición Wheatstone. A través de electrodos, la variación de la conductividad puede medirse y enviarse a un microcontrolador. El proyecto -señala el artista- va a estar finalizado cuando la planta pueda decodificar sus propios impulsos eléctricos y así controlar su propia luz y generar sonidos e imágenes.

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