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Reed Ghazala

Con la misma lógica que un artista pictórico estudia en detalle la composición del color, Reed Ghazala interviene circuitos para inventar sonidos. Se encierra en su taller, desarma juguetes y radios viejas para convertirlos en instrumentos musicales. The circuit bending [la intervención de circuitos] es una práctica que se ha expandido más allá de la fabricación de pedales y consolas de efectos profesionales. Sin dudas, Ghazala es uno de los máximos referentes en esta búsqueda: escapa de toda lógica formal para convertirse en un artista multimedia en constante transformación.

Su trabajo ha crecido desde el under hasta llegar a los escenarios de músicos como Tom Waits, Peter Gabriel, King Crimson, Blur, Chris Cutler, Towa Tei y Yann Tomita, entre otros. Es autodidactica y se autodefine como un escultor sonoro; basta con ver sus obras para entender el concepto, no sólo se ocupa del plano del sonido, también se detiene en el aspecto visual y en la elaboración de teoría relacionada con nuevas concepciones espacio-temporales. Instituciones como el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), el Guggenheim y el Whitney adquirieron sus trabajos para que integren las colecciones permanentes.

Su obra, con todas las instrucciones técnicas necesarias, se encuentra a disposición en su site oficial para que los internautas continúen y aporten a sus investigaciones. Ghazala entiende que es necesario crear de forma colectiva, ampliar las fronteras de este nuevo arte para profundizar la exploración del audio y encontrar a su paso nuevos y propios instrumentos fantásticos. Una de sus principales preocupaciones es redefinir los fundamentos del arte y reencauzar los problemas estéticos de la música experimental. Los primeros aportes del artista al Circuit-Bending and Living Instruments [Intervención de circuitos e instrumentos vivos] llegaron en 1992 a través de las páginas de la Revista de instrumentos musicales experimentales. Lograron tanta repercusión entre el público especializado que actualmente continúan publicándose a nivel internacional y traducidos a varios idiomas.

Ghazala trabaja en la intervención del sonido hace más de cuarenta años. El primer trabajo fue la denominada The Odor Box [La caja de olor], la utilizaba para hacer solos en la banda de rock donde tocaba de joven; la respuesta del público en aquella ocasión fue muy tibia, cuenta el artista que tuvo que salir por una puerta de emergencia para que nadie intente romper su aparato. Sus grabaciones exploran absolutamente todos los soportes, desde la cinta magnetofónica hasta los formatos digitales. Sus instrumentos, todos de fabricación exclusiva y artesanal, se dividen en cuatro series:

Incantors: Se desarrollan sobre el circuito del clásico juguete Speak & Math, que se utiliza para resolver ecuaciones simples y escuchar la respuesta en palabras. Ghazala trabaja dentro de estos sintetizadores de voz humana y consigue un instrumento capaz de producir sorprendentes secuencias abstractas, literalmente infinitas de sonido. Además, le incorpora doce características adicionales: dos contactos directos con el cuerpo humano, (pitch en tiempo real), tres conmutadores de voz de flexión (para interrupciones de flujo de datos), 3 interruptores de bucle, tonos y reseteo del sistema.

Photon Clarinets: Copia la metodología del Theremin, no hace falta tocarlo físicamente para conseguir un sonido. Simplemente hay que agitar las manos sobre los sensores para subir y bajar los tonos, o arrastrar las notas. La diferencia con el Theremin es que trabaja con luces y sombras. Permite crear un abanico muy amplio de efectos: filtros, variaciones de volumen, barridos, vibratos, etc.

Morpheums: Son sintetizadores que emiten ruidos de animales, de sonido crudo y agresivo. Son capaces de crear chillidos, aullidos y voces agudas que se combinan a toda velocidad. A través de efectos, se pueden matizar los niveles de expresividad. Incluyen un pedal de volumen y reverb. Son instrumentos muy sensibles al contacto con el cuerpo, lo cual abre un espectro sonoro inmenso. Se pueden usar con una correa como si fuera un acordeón o apoyado sobre un pie como un teclado.

Aleatrons: Trabajan sobre la música aleatoria, se integran a cualquier composición sin intención ni conocimiento previo de la pieza. Se desarrollan sobre los circuitos de cualquier teclado. Ghazala utiliza generalmente el Casio SA-2, un pequeño instrumento de 32 teclas con un gran conjunto de sonidos incorporados, aunque también ha explorado otros más complejos. La funciones son infinitas. Por ejemplo, sólo es necesario un toque delicado a las piezas de bronce incorporadas para modificar los marcos rítmicos y tonales, y empujar hacia adelante nuevas combinaciones de eventos indeterminados.

No todos los instrumentos desarrollados por Ghazala están incluidos en estas cuatro series. Hay más de 40 piezas exclusivas, con sonidos distintos, que fueron creadas sobre otros soportes, como radios, piezas informáticas en desuso, consolas, etcétera.



Paralelamente al circuit bending, Ghazala trabaja sobre la fotografía experimental. Realiza estudios y fuerza cuestiones técnicas: modifica cámaras, fabrica lentes, manipula tintes y colores, e incluso se anima a explorar el 3D. Desde mediados de la década de 1960, desarrolla instalaciones lumínicas integradas con diodos y pantallas de cristal del tubo láser, onda corta y onda larga ultravioleta, pintura, grabado, tinturas incandescente, humo líquido, gel, cámaras móviles y retroproyecciones. Con el avance tecnológico fue incorporando luz polarizada, cristales de hielo, minerales, luces estroboscópicas de gas, vigas musical, neones, generadores de plasma, tiras de luz fría y cálida, paneles y una variedad amplísima de dispositivos LED creados por él mismo. “Mi obra está basada en la escultura magnética, el radio control, la robótica, modelos arquitectónicos, cohetes, cometas, el arte en general y la explosión de pirotecnia”, explica.

Desde un enfoque político, puede decirse que Ghazala es pacifista, le rinde culto a la naturaleza. Es meteorólogo y botánico aficionado, dos campos de constante influencia en sus creaciones. Estudia la vida de los animales salvajes y rescata todo tipo de expresión artística extraña que se cruza en su camino de investigación. “Soy un artista del Renacimiento científico. Un técnico de conjeturas románticas. Torpe. Nací para explorar todos los secretos imaginados, soy un cirujano exiliado en el desierto. Mi arte empuja las puertas más extrañas”, señala.

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