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Anne Lilly

El arte cinético, especialmente en este caso, manipula la percepción del tiempo. Desde la concepción física y filosófica es casi una obviedad, un cuerpo en movimiento está en relación directa con el tiempo, no puede estar por afuera: son dos variables constantes y universales. La escultora estadounidense Anne Lilly hace foco en esta cuestión, sus piezas están trabajadas con tanta precisión que parecen irreales, como si estuvieran determinadas bajo otras reglas que no son las de la física formal. Desafían la gravedad, se burlan del variable temporal y proponen una misteriosa relación interactiva con el espectador.

Las creaciones de Lilly se valen del diseño para conseguir un primer impacto visual; elige el acero inoxidable como material de soporte. El enlace conceptual está direccionado hacia el comportamiento de los líquidos, el crecimiento orgánico y el magnetismo. Es decir, participan elementos naturales, directa e indirectamente.

No hay ningún sistema electrónico detrás de las piezas, todo es mecánico, trabajan por balance de pesos, principio de palanca, relación de poleas y engranajes, rulemanes, ejes, fuerza centrífuga, etcétera. El desarrollo técnico es complejo, el taller de la artista es un sofisticado entramado de tornos, fresas y morsas. Ella se ocupa de cada etapa del proceso creativo: primero piensa en la forma del movimiento y en las posibilidades de concretarla, después fabrica y encastra de acuerdo con las necesidades. Es una labor de relojería donde no hay posibilidad de descuido.

La propuesta de Lilly se sostiene en el equilibrio de la plasticidad. Es extraño, hablar de perfección en el arte es incurrir en el error -ingenuo- de creer que la correcta resolución de los aspectos técnicos eleva la calidad de una obra. En este caso, la idea de perfección tiene que interpretarse como el hallazgo de la figura y el movimiento buscados. Lilly trabaja obsesivamente hasta encontrarlos. El proceso está implícito en el funcionamiento propio la obra.
Su última serie de obras cinéticas es de 2010 y está integrada por las piezas to pump, to prime, sayulita, eighteen-eighteen e eleven miles above virgin, utah. Todas se caracterizan por la búsqueda de un minimalismo estético y una delicada relación interactiva con el público. Se accionan con el contacto físico; apenas un dedo es suficiente para dar el primer impulso, a modo de metáfora sobre la condición creadora de la intervención humana: simple y sintética, pero vital para que suceda el hecho artístico.

Ella misma explica que el procedimiento es una causalidad clínica frente a la respuesta sensorial que ofrece cada una de las esculturas. El término causalidad -dice- hace referencia al carácter científico de sus creaciones y al rol necesario del espectador en la construcción de significado por sobre el procedimiento mecánico.
Incluso incorpora elementos psicológicos. El orden y el azar proponen lecturas analíticas, intuitivas, racionales y emocionales, pero fundamentalmente obtienen nuevas conexiones entre el espacio físico que existe por fuera de las nociones matemáticas observables en los comportamientos del contexto cotidiano. Abren un plano perceptivo atípico, que también es real y tangible. De hecho, es el propio espectador el encargado de darle vida.

Lilly señala que sus creaciones son preguntas que no pueden traducirse a las palabras, son preguntas sobre el espacio, sobre el material en movimiento y sobre la mezcla del espacio y el objeto. Considera que el espacio se disfraza y encuentra su naturaleza en la transparencia. Curiosamente, es esta misma transparencia la que consigue que el espacio se presente en un plano de conciencia.

“Mis últimos trabajos utilizan las líneas delgadas de la cinética. Vacío los volúmenes para reducir la capacidad visual, de este modo gana protagonismo el espacio. El trabajo asume un compromiso, la acción tiene el objetivo de crear ese espacio, hacer que se manifieste. Ahí está la función propia de mis esculturas. El vaciamiento de la masa visual hace que sea posible construir un espacio pero sin ocupar espacio”, agrega.
Hay una obra muy particular dentro de su catálogo titulada Memorial for Ben Thompson (2007), ubicada en el cementerio de Mount Auburn en Cambridge, Massachusetts, que aprovecha la energía eólica para desarrollar movimientos circulares. Instalar una escultura cinética en un cementerio es un gesto evidente de mantener encendido el recuerdo y el homenaje a una personalidad cercana, señalar su presencia constante.
Sus primeras esculturas son de finales de la década de 1990, más simples y realizadas con materiales como madera y papel. También buscaban la interacción y el movimiento aunque con dispositivos menos sofisticados. La utilización del acero comenzó a fines de 2001 y desde ese momento ganó protagonismo hasta ubicarse como soporte característico e identitario de su trabajo. El quiebre fue la serie de 2005, integrada por obras como searchlight, parietals, leda y flower theorem. Allí aparecieron, en una etapa experimental, los lineamientos conceptuales y estéticos que todavía conserva.
Anne Lilly fue nominada en 2010 para el Premio del Instituto de arte contemporáneo de Boston. También ha realizado obras para el programa ParkArts de Boston y el Fort Point Public Arts Series. Su trabajo fue incluido en la Exposición Anual 2007 DeCordova, en Lincoln; en el Middlebury College Museum of Art, y ocupa un lugar de privilegio en colecciones corporativas y privadas a nivel internacional.

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